El Tarot vuelve a demostrar que su lenguaje visual puede atravesar épocas, disciplinas y contextos muy distintos. Esta vez, los 22 Arcanos Mayores llegaron al Museo Nacional Etrusco de Villa Giulia, en Roma, como protagonistas de una instalación que los pone en diálogo con el arte contemporáneo, la inteligencia artificial y una tradición adivinatoria mucho más antigua.
Desde el 16 de septiembre, el museo presenta L’Indovino (The Soothsayer), una obra de la artista de origen libanés Mouna Rebeiz, curada por la crítica de arte Roberta Semeraro. La muestra permanecerá abierta al público hasta el 29 de noviembre de 2026.
Un Tarot que devuelve la mirada
La instalación está compuesta por 22 cartas de gran formato que representan los Arcanos Mayores, realizadas sobre superficies espejadas.
La elección del espejo no es solamente estética. Al acercarse a las piezas, el visitante se refleja en ellas y pasa a formar parte de la imagen. El Tarot deja así de ser algo que simplemente se contempla desde afuera para convertirse en una experiencia que invita a dirigir la mirada hacia uno mismo. El museo describe justamente ese recorrido como una búsqueda de un conocimiento más profundo del propio ser.
La obra tampoco nació específicamente para Roma. Rebeiz ya había presentado The Soothsayer en Venecia en 2022, durante la 59ª Bienal de Arte, en el espacio del Pabellón de la República de San Marino. Para su llegada a Villa Giulia, la instalación fue replanteada especialmente en relación con el museo y su contexto.
Del Tarot a los adivinos etruscos
Y es justamente la elección del Museo Nacional Etrusco lo que vuelve especialmente interesante esta nueva versión.
El proyecto establece un puente entre las imágenes del Tarot y las antiguas prácticas de adivinación etruscas. La presentación oficial recuerda la figura del arúspice Spurinna, el adivino etrusco que, según la tradición recogida alrededor de la historia de Julio César, le habría advertido sobre el peligro de los idus de marzo.
La curadora Roberta Semeraro encontró en ese vínculo con la tradición adivinatoria etrusca una de las claves para trasladar L’Indovino a Roma y ponerlo en relación con las colecciones de Villa Giulia.
De alguna manera, la muestra coloca frente a frente diferentes intentos humanos de aproximarse a lo desconocido: antiguos sistemas de interpretación, símbolos que sobrevivieron durante siglos y las nuevas herramientas tecnológicas con las que hoy intentamos procesar y anticipar información.
¿Y qué tiene que ver la inteligencia artificial?
Mucho.
La instalación fue concebida precisamente en el cruce entre la expansión de la inteligencia artificial y las tradiciones simbólicas. Pero la propuesta no se limita a colocar esos dos mundos uno al lado del otro.
La exposición también tiene una dimensión digital. A través de una cuenta de Instagram dedicada al proyecto, los visitantes pueden interactuar con las cartas de Rebeiz. Según la presentación de la muestra, esas interacciones serán utilizadas para observar cómo una inteligencia artificial basada en lógicas algorítmicas se relaciona con una forma de conocimiento asociada al azar y a la interpretación simbólica. Incluso está previsto elaborar informes periódicos sobre esas interacciones para incorporarlos a la reflexión propuesta por la exposición.
Y ahí aparece una pregunta especialmente contemporánea: ¿qué sucede cuando ponemos frente a frente un sistema simbólico como el Tarot y un sistema algorítmico como la inteligencia artificial?
Uno trabaja con imágenes abiertas a la interpretación, asociaciones y significados que cambian según el contexto. El otro procesa enormes cantidades de información siguiendo estructuras matemáticas y patrones aprendidos.
Sin embargo, ambos terminan encontrándose en un territorio que nos resulta profundamente humano: nuestra necesidad de buscar sentido, interpretar señales y tomar decisiones frente a aquello que todavía no conocemos.
El Tarot como lenguaje visual contemporáneo
Quizás uno de los aspectos más interesantes de L’Indovino sea que el Tarot no aparece simplemente como objeto esotérico ni como una estética decorativa.
Sus Arcanos funcionan como un lenguaje visual capaz de ser reinterpretado por una artista contemporánea y llevado al interior de un museo arqueológico, donde convive con objetos pertenecientes a culturas que también desarrollaron sus propias formas de relacionarse con lo invisible y lo incierto.
No es la primera vez que artistas, diseñadores o creadores recurren a las imágenes del Tarot. Y probablemente tampoco sea casual.
Los Arcanos contienen figuras y situaciones —el viaje, la transformación, la pérdida, el poder, la elección, la muerte, el renacimiento— que siguen siendo reconocibles incluso cuando abandonan una baraja y entran en una galería, una campaña de moda o una instalación artística.
Tal vez ahí esté una de las razones por las que, siglos después, seguimos encontrándonos con ellos en lugares nuevos.
Esta vez, entre las colecciones etruscas de un museo de Roma y frente a una tecnología que está modificando nuestra propia manera de interpretar el mundo.
Fuentes consultadas
Museo Nacional Etrusco de Villa Giulia
Ministerio de Cultura de Italia
Studio Begnini