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¿Por qué seguimos preguntándole al Tarot por amor?

El amor sigue siendo uno de los grandes temas que llegan a una tirada. Una encuesta reciente en Estados Unidos muestra que las personas más jóvenes recurren al Tarot por cuestiones sentimentales con más frecuencia que las generaciones mayores. Pero detrás del dato aparece una pregunta más interesante: ¿qué buscamos realmente cuando llevamos nuestros vínculos a las cartas?

Amor y Tarot forman una combinación bastante difícil de separar.

Cambian las generaciones, cambian las maneras de conocer gente, aparecen aplicaciones, nuevas formas de relacionarnos y hasta vocabularios completamente distintos para hablar de los vínculos. Pero hay algo que parece mantenerse: cuando no sabemos qué está pasando con alguien, qué sentimos o hacia dónde puede ir una relación, las cartas siguen apareciendo como un lugar al que llevar esas preguntas.

Una encuesta publicada en octubre de 2026 en Estados Unidos encontró que el 17 % de los participantes de la generación Z dijo haber consultado a un tarotista intentando mejorar u orientarse en su vida sentimental. Entre los millennials la cifra fue del 14 %, mientras que descendió al 8 % en la generación X y al 2 % entre los baby boomers.

La encuesta incluyó a 1.013 adultos estadounidenses y no es un estudio académico sobre Tarot, así que conviene no convertir esos porcentajes en una explicación universal sobre cómo se relaciona cada generación. Pero el dato resulta interesante porque muestra que, al menos dentro de esta muestra, las personas más jóvenes declararon recurrir con mayor frecuencia a las cartas cuando el tema era el amor.

¿Qué buscamos cuando preguntamos por una relación?

En una consulta amorosa rara vez hay una sola pregunta.

A veces queremos saber qué siente otra persona. Otras veces queremos entender por qué una relación cambió, si tiene sentido seguir esperando, por qué repetimos determinados vínculos o qué estamos haciendo nosotros dentro de esa historia.

También aparece algo muy humano: la dificultad de convivir con no saber.

No sabemos qué va a decidir el otro, qué significa determinado silencio, si una relación va a avanzar o si algo que imaginamos tiene realmente posibilidades de convertirse en otra cosa. Y cuando hay afecto de por medio, esa incertidumbre puede sentirse mucho más intensa.

El Tarot puede ofrecer un espacio para ordenar todo eso, pero también ahí aparece uno de los desafíos más importantes de una lectura: no convertir las cartas en una herramienta para intentar controlar aquello que depende de otra persona.

Del “¿qué siente?” al “¿qué me pasa con esto?”

Muchas preguntas amorosas empiezan mirando hacia afuera.

¿Qué siente por mí? ¿Va a volver? ¿Va a escribirme? ¿Está pensando en otra persona?

Pero una tirada también puede permitir mover un poco el foco: ¿qué estoy esperando de este vínculo?, ¿qué necesito?, ¿qué no estoy pudiendo ver?, ¿por qué esta situación me tiene tan pendiente?

Eso no significa que haya preguntas “permitidas” y preguntas “prohibidas”. Significa que una misma consulta puede abrirse hacia lugares muy diferentes según cómo trabajemos con ella.

Y quizás ahí esté una de las posibilidades más interesantes del Tarot en temas afectivos: pasar de intentar descifrar completamente al otro a comprender mejor nuestra propia posición dentro del vínculo.

¿La generación Z pregunta distinto?

La encuesta también encontró que un porcentaje amplio de participantes jóvenes había probado alguna práctica espiritual, adivinatoria o de manifestación relacionada con el amor, aunque ese grupo incluía muchas actividades diferentes y no únicamente Tarot.

Eso puede tener muchas explicaciones y la encuesta no permite saber exactamente cuáles son. Tal vez haya mayor curiosidad, menos prejuicio hacia estas prácticas o simplemente más exposición a ellas a través de redes sociales y contenidos digitales.

Lo que sí podemos decir es que las cartas siguen encontrando lugar incluso entre personas que crecieron con formas completamente nuevas de vincularse.

Y en el fondo quizás no sea tan extraño.

Podemos cambiar la manera de conocer a alguien, de escribirle o incluso de definir una relación, pero algunas preguntas siguen siendo bastante parecidas:

¿Qué está pasando entre nosotros? ¿Qué quiero realmente? ¿Y qué hago con todo esto que siento?

Tal vez por eso el amor siga llegando una y otra vez a la mesa de Tarot.

No porque las cartas puedan decidir por nosotros qué hacer con un vínculo, sino porque cuando algo nos importa mucho, a veces necesitamos encontrar otra manera de mirarlo.


Fuentes consultadas

DatingNews — encuesta sobre prácticas espirituales, adivinatorias y relaciones sentimentales, octubre de 2026

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