El Musée Suisse du Jeu reúne miles de cartas en una exposición que recorre seis siglos de historia, desde los primeros juegos llegados a Europa hasta Pokémon. En medio de ese recorrido aparece el Tarot y una historia que hoy puede resultar sorprendente: sus cartas existieron como juego mucho antes de convertirse en una herramienta de cartomancia.
En un castillo a orillas del lago Lemán, en Suiza, miles de cartas cuentan una historia que comenzó mucho antes de que alguien preguntara por el futuro frente a una tirada de Tarot. Hay piezas históricas, juegos tradicionales, cartas ilustradas, objetos procedentes de colecciones públicas y privadas y, hacia el final del recorrido, nombres que pertenecen plenamente al presente, como Magic: The Gathering, Pokémon y One Piece.
La exposición se llama Cartes à jouer: des origines aux cartes à collectionner y abrió sus puertas el 21 de agosto en el Musée Suisse du Jeu, en La Tour-de-Peilz. Permanecerá abierta hasta el 4 de julio de 2027 y reúne varios miles de cartas para reconstruir más de seis siglos de transformaciones de un objeto que, pese a su aparente sencillez, ha viajado entre culturas, cambiado de imágenes y reglas y adquirido funciones muy diferentes con el paso del tiempo.
Para quienes conocemos esas cartas principalmente a través del Tarot, el recorrido tiene un interés particular. El Tarot no aparece al comienzo de esta historia y tampoco lo hace inicialmente como una herramienta de adivinación. Aparece en el medio, como una innovación dentro de una cultura de juegos de cartas que ya llevaba décadas circulando por Europa.
Antes del Tarot ya estaban las cartas
Según la cronología presentada por el museo, las cartas de juego aparecen en Europa hacia la década de 1360, probablemente introducidas desde el mundo musulmán. Aquellas cartas ya utilizaban los llamados palos latinos: bastos, copas, monedas y espadas. Son nombres inmediatamente familiares para cualquier persona que haya tenido entre sus manos un Tarot de Marsella, pero su historia es anterior a la aparición del propio Tarot.
Las cartas encontraron rápidamente un terreno favorable para expandirse. Eran pequeñas, transportables y relativamente sencillas de utilizar, y su difusión coincidió además con el desarrollo de nuevas técnicas de impresión. Con el tiempo viajaron de un territorio a otro, cambiaron sus diseños y dieron lugar a numerosas variantes locales. La exposición suiza busca precisamente mostrar ese movimiento: las cartas no como un objeto estático, sino como un formato capaz de adaptarse continuamente a las sociedades que las utilizan.
Es dentro de esa historia donde, durante el siglo XV, aparece una novedad que para nosotros resulta fundamental. Algunos juegos incorporaron cartas adicionales con una función de triunfo o atout. Allí comienza a tomar forma aquello que hoy reconocemos como Tarot.
Visto desde el presente, puede resultar extraño imaginarlo así. Estamos acostumbrados a encontrarnos con La Emperatriz, El Loco, La Muerte o El Sol como imágenes cargadas de significado simbólico, capaces de establecer relaciones dentro de una lectura. Sin embargo, esas imágenes pertenecen también a otra historia: antes de convertirse en cartas que consultamos e interpretamos, formaron parte de un juego.
Primero fue el juego, después llegó la cartomancia
Uno de los datos más interesantes de la cronología que presenta el Musée Suisse du Jeu es la distancia temporal entre ambos fenómenos. El Tarot aparece en el siglo XV, mientras que el museo sitúa el surgimiento de la cartomancia en el siglo XVIII. Entre una cosa y la otra transcurrieron varios siglos.
Esa separación importa porque desde nuestra mirada contemporánea resulta muy fácil proyectar hacia el pasado el uso que hacemos hoy de las cartas. Si actualmente pensamos en Tarot y casi inmediatamente pensamos en una lectura, podríamos suponer que ambas cosas nacieron juntas. La historia muestra un proceso bastante más complejo.
Las cartas no aparecieron en Europa para responder preguntas sobre el amor, el trabajo o aquello que estaba por venir. El Tarot tampoco nació ya convertido en el sistema de lectura que conocemos actualmente. Sus usos fueron transformándose y acumulándose con el tiempo, al igual que cambiaron sus imágenes, sus técnicas de fabricación y los contextos culturales en los que circuló.
Esto no vuelve menos significativa su dimensión simbólica actual. Al contrario, permite verla como el resultado de una historia en movimiento. Sobre un objeto creado dentro de la cultura del juego fueron apareciendo nuevas maneras de mirar las imágenes, establecer relaciones entre ellas y atribuirles funciones que sus primeros jugadores probablemente no habrían imaginado.
Un mismo objeto, seis siglos de transformaciones
La exposición no termina con el Tarot. Su recorrido continúa por las innovaciones técnicas del siglo XIX y llega hasta un cambio mucho más cercano: la aparición, hacia finales del siglo XX, de los juegos de cartas coleccionables, en los que jugar y coleccionar comienzan a formar parte de una misma experiencia. De ahí que en las salas del museo puedan convivir cartas históricas con universos como Magic: The Gathering, Pokémon y One Piece.
El salto puede parecer enorme, pero es justamente parte de la idea de la muestra. A lo largo de casi 600 años las cartas han cambiado de aspecto, de reglas, de técnicas de producción y hasta de relación con quienes las poseen. Algunas se juegan, otras se coleccionan, otras se convierten en objetos artísticos y otras, como ocurre con el Tarot, también pueden funcionar como soportes para construir e interpretar significados.
Para contar esa historia, el Musée Suisse du Jeu recurrió a sus propias colecciones y a una colaboración con el Musée Français de la Carte à Jouer, además de incorporar préstamos de instituciones patrimoniales europeas y colecciones privadas. El resultado reúne varios miles de piezas y objetos que permiten seguir las transformaciones de las cartas a lo largo de más de seis siglos.
La exposición, además, no queda limitada a las vitrinas. A partir del 4 de octubre el museo ofrecerá visitas guiadas públicas mensuales para profundizar en sus contenidos, una programación que continuará durante buena parte de 2027.
Volver a mirar el Tarot desde su propia historia
Quizás por eso resulte tan interesante encontrar al Tarot en una exposición donde también hay juegos tradicionales, cartas coleccionables y Pokémon. No porque todos esos objetos sean equivalentes ni porque los usos actuales del Tarot puedan reducirse a su origen como juego, sino porque colocarlos dentro de una misma historia permite recuperar algo que a veces queda oculto cuando miramos las cartas solamente desde el presente.
El Tarot no apareció aislado. Nació dentro de una cultura de cartas que ya circulaba por Europa, heredó elementos anteriores y después continuó transformándose. Mucho más tarde se encontró con la cartomancia y comenzó otro capítulo de una historia que todavía continúa.
Hoy puede ser un lenguaje simbólico, una práctica de lectura, una herramienta de reflexión, un objeto artístico y, dependiendo del lugar y del mazo del que hablemos, también seguir siendo un juego. Ninguna de esas capas necesita borrar a las anteriores.
Tal vez ese sea uno de los aspectos más interesantes de la exposición del Musée Suisse du Jeu. Al colocar al Tarot dentro de seis siglos de historia de las cartas, no le quita misterio ni significado. Simplemente nos recuerda que antes de llegar a nuestras mesas y convertirse en aquello que conocemos hoy, las cartas también tuvieron que hacer su propio recorrido.
Fuentes consultadas
Musée Suisse du Jeu — *Cartes à jouer: des origines aux cartes à collectionner*